Cada mañana me levanto. Mis ojos perezosos, no ven más allá de mis sueños rotos. Otro día más en este mundo de luchadores, luchar y perder.
Luchadora, pero gran perdedora. Así me siento cada día de mi vida.
Perdí lo mas bello que tenía, y lo perdí por tonta.
A veces no sabemos apreciar lo que tenemos. Necesitamos sufrir una tragedia interna para darnos cuenta de lo que poseemos en nuestras manos.
Yo sujetaba tu corazón, al igual que tu sostenías el mío. La diferencia es que tú lo soltaste. Cayó en mil pedazos. Y ahí está, en el suelo de mi habitación oscura. Oscura porque las persianas están bajadas. No quiero luz, no quiero ruido. Solo quiero que vuelvas. Te necesito, al igual que te necesité todos los días hasta ahora. Lo peor de todo es que te necesitaré, todos los días hasta siempre. Eso no va a cambiar jamás.
Mientras tanto intento no confiar en nadie. No hablo, solo escucho. Así de simple es mi vida desde que no estás. Dejaste un vacío enorme, imposible de llenar. Me limito a seguir caminando por esta fría carretera del desierto. Donde los días son muy secos y las noches son horriblemente oscuras. Tú fuiste mi luz en las noches de penumbra, mi sombra en los días de calor abrasador, fuiste parte de mi y mi puzzle está ahora incompleto sin la pieza principal.
Y aquí sigo caminando sin rumbo, rumbo perdido desde que te has ido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Opina aquí.